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IMF

El inicio de las prácticas agrícolas en Europa, hace 7000 años, pudo haber comportado la diferencia sexual del trabajo

El análisis de objetos de más de 600 tumbas en seis grandes necrópolis europeas muestra que los ajuares de hombres y mujeres tienen herramientas que fueron usadas para diferentes labores relacionadas con el nacimiento de la agricultura. Dirigido por científicas del CSIC en Barcelona, el trabajo persigue entender cuáles pudieron haber sido las actividades realizadas por uno y otro sexo en el inicio del Neolítico en Europa.
 
Entre las mujeres y los hombres que habitaban Europa hace 7000 años ya se practicaba la división sexual del trabajo, al menos de forma parcial. Eso es lo que revela el análisis de las herramientas de piedra halladas en más de 600 tumbas de seis de las principales necrópolis neolíticas centroeuropeas en la Republica Checa, Eslovaquia, Alemania, Francia y Austria. El trabajo, que se publica esta semana en la revista PLOS ONE, está dirigido por la Dra. Alba Masclans, arqueóloga de la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades (IMF) del CSIC. El objetivo es averiguar cuales pudieron haber sido las actividades realizadas por uno y otro sexo en el inicio del Neolítico en Europa, período en el que se dio el nacimiento de la agricultura y la ganadería.
 
El trabajo muestra que los hombres eran enterrados con azuelas (un tipo de herramienta similar a las hachas) de piedra, que a menudo habían sido usadas en actividades como la carnicería (descuartizado de animales), la tala de árboles (para abrir nuevos campos de cultivo, por ejemplo), la carpintería y como armas. Los hombres también eran enterrados junto a puntas de flecha, vinculadas a la violencia entre personas y a la caza. En cambio, las mujeres raramente eran enterradas con herramientas y, las pocas veces que eso ocurría, solían ser herramientas relacionadas con el procesado de pieles de animal u otras fibras orgánicas. La distribución diferencial de herramientas, así como los desgastes y afectaciones en los huesos humanos provocados por movimientos repetitivos y forzados de las extremidades en los restos óseos de los individuos pone de manifiesto que estas comunidades consideraban algunas actividades como un factor claramente ligado al género.
 
Las científicas han analizado 621 tumbas bien preservadas. De ellas, 151 son de mujeres, 137 de hombres, 36 probablemente de mujeres y 107 sin identificar. Se han analizado cerca de 300 objetos de piedra, entre ellos azuelas, proyectiles, láminas de sílex y útiles macrolíticos. Además de la IMF-CSIC, en el trabajo han participado el CNRS (Centro Nacional Francés para la Investigación Científica), la Universidad de Estrasburgo (Francia), y la Universidad de York (Reino Unido).
 
Construcción de la identidad
 
Las arqueólogas han analizado al microscopio el desgaste de las herramientas (análisis funcional) para averiguar en qué fueron usadas y sobre qué material. Los objetos funerarios, dice Alba Masclans, “dan una poderosa visión de las identidades sociales prehistóricas”. Y aunque la visión de la identidad expresada en el enterramiento pueda no ajustarse siempre a la realidad estricta de cómo era la persona en concreto, matiza la investigadora, sí que es indicativa de cómo la persona (o las cualidades que esta entrañaba) era categorizada y representada por la sociedad”.
 
Estos primeros grupos Neolíticos reconocían y representaban diferencias en la simbología de lo masculino y lo femenino, lo cual evidencia una construcción de la identidad basada en gran medida en la diferenciación de género.
 
La división sexual del trabajo era parcial
 
Los resultados revelan que hombres y mujeres pudieron haber practicado la división sexual del trabajo de manera parcial. Y es que hay indicios, como los restos de hoces hallados tanto en tumbas masculinas como femeninas, que indican que tareas como la siega de cereal pudieron ser compartidas.
 
Además, hay un importante número de hombres y mujeres que, o bien no recibieron elementos de ajuar en sus tumbas, o bien estos ajuares no tenían un componente simbólico de uno u otro sexo. “Uno de los retos a los que nos enfrentamos”, dice Alba Masclans, “es llegar a entender quiénes eran estas personas y por qué fueron intencionalmente distinguidas del resto”. Entre otras hipótesis, se ha sugerido que o bien tenían un estatus social distinto al del resto o bien pertenecían a categorías de géneros alternativos al binomio masculino/femenino”. Y es que, de la misma forma que la etnografía ha documentado pueblos con más de dos géneros, “no se descarta la existencia de una construcción de género mucho más variada en el Neolítico de la que es habitual hoy en día”.
 
El análisis de los objetos funerarios se ha complementado con datos proveniente de trabajos previos y relativos a patologías, pautas de alimentación y patrones de movilidad, datos que revelan que había ligeras diferencias en la dieta entre hombres y mujeres, así como en su actividad física. “Este trabajo pone sobre la mesa importantes diferencias en las manifestaciones simbólicas del trabajo entre hombres y mujeres y su relación con sus hábitos alimentarios, la gestión de la violencia interpersonal y los modos de vida exogámicos”, concluye Alba Masclans.
 
La desigualdad de género podría haber surgido con el Neolítico
 
Se considera que la especialización del trabajo tuvo un papel fundamental en el surgimiento de la propiedad, la acumulación de excedentes, la concentración del poder político y la explotación social. Pero estos procesos a menudo se interpretan sin considerar la posible división sexual del trabajo y el género. Este trabajo refuerza la hipótesis de que las raíces de las desigualdades de género podrían encontrarse, en parte, en las implicaciones sociales que tuvieron los cambios demográficos y tecnológicos del Neolítico.
 
La transición al Neolítico permitió la colonización de Europa mediante migraciones. Ello implicó un aumento en el número de nacimientos y, a su vez, una mayor inversión de tiempo y esfuerzos en la lactancia y el cuidado de niños y niñas. Este incremento en la carga física y emocional del trabajo de las mujeres probablemente condicionó su participación en las actividades políticas, económicas y culturales.
 
Futuros estudios permitirán caracterizar con mayor precisión los indicios obtenidos hasta el momento y profundizar en la relación entre la transición al Neolítico, la división sexual del trabajo, la construcción de género y la jerarquización social, incluyendo el patriarcado.
 
Artículo de referencia:
 
A sexual division of labour at the start of agriculture? A multi-proxy comparison through grave good stone tool technological and use-wear analysis. Alba Masclans,  Caroline Hamon, Christian Jeunesse, Penny Bickle. PLOS ONE.
 
Comunicación CSIC Cataluña
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